Gestando la adopción

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“Sebastián es sietemesino”, apuntan los padres en el consultorio pediátrico. Desde el otro ángulo de la sala de espera “Marina es ochoañina”, y agregan tras la cara general de sorpresa: “Es que la esperamos durante ocho años, hasta que finalmente dio a luz la adopción”.

En verdad, la decisión de adoptar conlleva un largo proceso de gestación. “En general las parejas inician la búsqueda del hijo adoptivo luego de 5 a 10 años de haber realizado tratamientos de fertilidad. Se encuentran muy cansadas y agredidas física y emocionalmente porque han debido superar muchas crisis: han llorado el hijo que no encuentran biológicamente cada vez que la menstruación llega”, relata Cecilia Medici, presidenta de la Centro de Adopción y Familia, “Vivir”. Ellos desde hace meses cobijan la posibilidad de adoptar, pero lentamente el deseo va cobrando cuerpo. “De dos a tres años les lleva a los futuros padres decidirse por la idea de la adopción“, precisa.

En el medio, no faltan dudas, miedos y fantasías diversas. ¿Será sano? ¿La mamá biológica me lo querrá sacar? ¿Se parecerá a mí? ¿Mi familia lo aceptará?. Los interrogantes invaden insistentemente. Para darles respuesta desde distintas entidades se brinda asesoramiento psicológico y legal. Pero no sólo son profesionales los que contienen y orientan a los futuros padres, sino otros progenitores que ya han dado luz a la adopción y pueden compartir sus propias experiencias.

“El hijo deseado”

“Uno puede acceder a la paternidad adoptiva cuando descubre que ser padre traspasa el límite de la panza, y diría el de las fronteras. En España he visto matrimonios con chicos chinos o con negros mota conformar una familia estupenda”, relata Medici.

Cuando finalmente se arriba a la importante decisión, se ha recorrido un largo camino que en realidad deben realizar todos los papis tarde o temprano. “Adoptar significa desear un hijo. Todos los padres biológicos tienen que adoptar a sus hijos, porque los podrán parir pero no paternar. Siempre -subraya- hay que pasar por el proceso de adopción”.

Los relatos de aquellos que atravesaron este sendero son conmovedores. “Una está cansada y ojerosa porque Ignacio llora mucho de noche, pero absolutamente dichosa. Es más, hasta he pasado por el estado puerperal, de no querer saber nada con mi marido”, testimonia Angélica con su bebé de nueve meses en brazo. “Estoy totalmente feliz”, añade Carina con una hija de siete meses. “Clara me dio la posibilidad de ser madre luego de años de búsqueda.

Fuente: planetamama.com.ar

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