Madre siempre. La historia de Mami Gloria

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Mami Gloria, del Hogar de Niños sin Amparo Familiar de la provincia, se retira con la premisa de jamás abandonar a sus niños.

(Por: Laura Liset Valdés González, estudiante de periodismo)

Ya no recuerda las veces que ante la inusitada pregunta: ¿cómo nacen los niños? recurrió a la historia de las cigüeñas de París.  Mucho menos de cuántos artificios se valió para colocar debajo de una almohada infantil el obsequio por la caída del primer dientecito. Muchos la identificarían como el hada de los corazones mustios; otros, la versión femenina del reparador de sueños; pero tras cabellos plateados, una diminuta estatura y sonrisa de quien sabe cómo hacer feliz a los demás, solo se esconde Gloria Pérez Valdivia.

Próxima a sus 71 años, la abuela de jimaguas no ha escatimado ternura. Sus instintos maternales rompieron las fronteras del hogar para incorporarse a la que considera su razón de ser, el Hogar de Niños sin Amparo Familiar. Quien vea cuánta dulzura derrocha, pensaría que en su vida todo han sido aciertos; sin embargo, a la sombra de su pasado yace el recuerdo de Alberto, aquel primer y único amor. Un accidente automovilístico los separó para siempre. A solo dos meses de la pérdida, secó sus lágrimas y arropó como retoños propios a un montón de pequeños.

Ella imagina, recuerda. De su memoria, ningún detalle escapa. Habla de quinces y bodas, de confesiones y desvelos en la sala de un hospital; escenas que tejen su rutina diaria hace casi 30 años.

“Trabajar con niños siempre resulta difícil, mucho más si requieren  atención especial. Este era el tercer Hogar que se fundaba en el país, por lo que constituía una nueva experiencia no solo para mí, sino para la provincia. Al principio no me sentía preparada para dirigir  la casa, lloraba todos los días al ver tantos rostros tristes, decepcionados de la vida. Pensé incluso renunciar”.

¿Qué la animó a permanecer allí?

En ocasiones la vida arranca de un tirón la felicidad, pero te abre nuevos horizontes. A medida que pasaron los días mi situación cambió. Tenía tantas responsabilidades; no quedaba tiempo ni para ponerme triste. Sentía que los pequeños me necesitaban, ellos fueron mi motor impulsor, el antídoto para sentirme fuerte.

¿En qué medida su hija le reprochó el trabajo a deshoras?

Glorita estaba acostumbrada a robarse toda mi atención, imagínate, hija única. Mi jornada laboral no tenía horarios, yo sabía cuándo llegaba, pero no cuándo me iba, y ella no aceptaba la idea de compartirme con desconocidos. Ese fue otro logro, transformar sus celos en cariño, hasta el punto de llamarles hermanos a los niños de la casa.

¿Cómo consigue llevar de forma simultánea las riendas de la casa grande (el Hogar) y la casa pequeña (su familia)?

Es una tarea compleja, porque cuando una se dedica tanto al trabajo se priva de disfrutar momentos de su vida personal, sentimental. En un inicio yo tenía a mis nietos muy chiquitos, mi hija necesitaba apoyo porque era madre soltera. Pero ahora, me gusta pensar que solo tengo  una familia bien grande. Juntos despedimos el año viejo y recibimos el próximo, vamos a Varadero cada verano y celebramos todos los cumpleaños.

Detrás de cada pequeño que llega a esta institución se esconde una historia, ¿cuáles la han marcado más?

En el tiempo que llevo aquí he visto de todo, algunos podrían pensar que ya soy inmune a ese tipo de emociones, pero nada está más lejos de la verdad. Aunque me identifico con todos, el testimonio de Olguita no lo olvido. Ella era la mayor de cinco hermanitos; llegó a la casa con 12 años y tuvimos que someterla a un largo proceso de adaptación. Pero el esfuerzo valió la pena, fue la primera graduada de los 52 egresados de esta institución.

El caso de Oel me tocó el corazón de igual forma. Estaba muy apegado a su mamá y cuando ella murió pensó que el mundo se le venía encima. En mí encontró el cariño maternal que necesitaba para continuar. Yo lo bauticé “el hijo varón que nunca tuve”.

Como toda madre usted también pierde la mesura.

En la casa hay muchas edades y criterios, eso influye en la convivencia. Unos quieren ver el fútbol y otros escuchar música al mismo tiempo. Por suerte, en una de las visitas del Presidente Raúl, en ese entonces ministro de las FAR, se preocupó por esa contradicción y nos envió dos televisores de regalo. Hay ocasiones en las que mi paciencia llega al límite, pero tras el regaño viene el consejo oportuno. Eso sí, nunca le he pegado a ningún niño y me ha dado muy buen resultado.

¿Qué temores la asaltan cuando es adoptado uno de sus hijos?

Experimento una mezcla de sentimientos, unos como directora y otros como madre. Me preocupa cómo los tratarán, si se acostumbrarán a la nueva familia. Hasta ahora, se realizaron cinco adopciones y todas han sido exitosas. Aunque me da alegría saber que comienzan una nueva etapa de su vida, no puedo evitar el vacío cuando se marchan.

En ese acto de vivir para otros no habrán faltado ingratitudes.

La vida tiene sus pro y sus contras, pero la experiencia me enseñó que solo debo recordar lo bueno. Me considero una persona feliz. Nunca he recibido ingratitud por parte de mis hijos, al contrario, no hay un cumpleaños mío que esta casa no se llene, ni un Día de las Madres que pase sola. Aunque ya tengan familias propias, me siguen considerando su mamá y eso dice mucho de la forma en que hago mi trabajo, el que considero, parafraseando a Martí, “una sublime profesión de amor”.

¿Cómo recuerda su relación con Vilma?

Recuerdo tantos momentos gratos a su lado. Ella llegó a identificarse con mis niños de tal forma que cuando viajaba por nuestra provincia siempre llegaba al Hogar y le decía cariñosamente “mi casita de Sancti Spíritus”.

En cierta ocasión le comenté las circunstancias por las que transitaba uno de mis muchachos. La situación del niño era complicada, se había dedicado mucho tiempo a deambular por las calles y con 14 años aún cursaba el cuarto grado. Le expliqué que estaba avergonzado porque lo vieran con uniforme de primaria y todos los días iba y regresaba corriendo de la escuela. Vilma no me dejó ni terminar, enseguida llamó al Director de Educación y gestionó una maestra que le impartiera las clases en la casa. Mejoró tanto Mosachi (así se llamaba) que venció dos grados en un mismo curso. Desde ese momento, pude percibir cuánto se preocupaba por ayudar a los niños.

La última vez que nos vimos, me invitó a almorzar y quiso que la acompañara hasta el mismo aeropuerto. Me afectó mucho cuando la vi, ya estaba enferma y caminaba con dificultad.

¿Cuándo surge la idea del retiro?

Mis deseos siempre fueron permanecer en el Hogar hasta los últimos días, pero ya la salud no me acompaña. El doctor me recomendó la jubilación porque el estrés y el constante ajetreo de trabajo no le hacen bien a mi estado, presento una angina de pecho. En contra de mi voluntad tuve que tomar esa difícil decisión.

En estos momentos preparo a la persona que me sustituirá en tan bella pero compleja tarea, María Esther Martínez Gómez, también graduada de la Enseñanza Especial. Me queda un período corto frente a la casa, por eso dirijo en este mes de febrero con un esmero especial.

¿Ahora le alcanzará el tiempo para ama de casa, mujer, ser humano?

Mi vida transita por un momento complejo, en realidad será difícil acostumbrarme a que me sobre el tiempo. Lo más inmediato es escribir un libro con todas mis vivencias en el Hogar, porque la memoria tiende trampas inesperadas; pero no a partir de la perspectiva como trabajadora, sino desde la de madre.

Mi retiro no significa separarme de los pequeños, eso sería darles la espalda. Ellos saben que siempre podrán contar conmigo, yo seguiré visitando las escuelas, atendiendo sus problemas, incluso los primeros días sé que me preocuparé hasta porque hagan la tarea. Seguiré siendo su mamá, y una madre nunca abandona a sus hijos.

¿Mamá Gloria o simplemente Gloria?

Nunca le pedí a ninguno de los niños que ha pasado por esta institución que me dijeran mami, ellos tuvieron esa condescendencia y yo me esforcé por estar a la altura de tamaña palabra. Quisiera que me recordaran con el nombre que mejor me define, porque Gloria hay muchas, pero Mami Gloria… ya Mami Gloria me dice Cuba.

Fuente: escambray.cu

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