Qué NO hacer con los hijos en verano…

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Unos buenos consejos parentales… que NO hacer con los hijos en verano!

Las vacaciones escolares y familiares suponen un reto para los padres. Hay mucho tiempo libre, las costumbres se relajan y las dinámicas familiares son completamente diferentes a los meses restantes. Es fácil encontrar consejos sobre cómo afrontar estos días de asueto, pero lo que proponemos ahora es repasar qué no debemos hacer con nuestros hijos.

ESPERAR A LA PLAYA PARA ECHARLES LA CREMA. Es uno de los errores más comunes y repetidos: llegar a la playa y echar crema a los niños. Según explica la pediatra Mercedes del Río, especialista del centro de salud Tilos-Calo, en Teo, es fundamental proteger la piel antes de salir de casa, para que le dé tiempo a absorber los componentes de la crema. Además, deben tener siempre un índice superior a 15, ser resistentes al agua y proteger de los rayos UVA y UVB. Del Río recalca que los bebés menores de seis meses nunca deben estar expuestos al sol y hasta los dos años se tienen que evitar las horas centrales del día. Además, no solo hay que proteger a los niños en la playa, también para pasear por la ciudad o ir al parque, ya que si «la arena refleja los rayos solares en un 25 %, el agua lo hace en un 20 % y la hierba en un 10 %». En caso de sufrir quemaduras, la pediatra recomienda: beber mucho líquido, tomar algún analgésico si hay dolor o fiebre, y poner compresas frías sobre la herida (o una crema de hidrocortisona) varias veces al día; si sale una ampolla o es una gran quemadura, hay que ir al médico.

DEJARLES IR EN BICICLETA DE CUALQUIER MODO. Los servicios pediátricos de urgencias están hartos de ver heridas por culpa de las bicicletas o, mejor dicho, por un mal equipamiento al ir en bici. Es estupendo dejar a los niños que paseen a sus anchas, pero Mercedes del Río recuerda cómo deben ir: el casco es esencial, y aunque da calor salva la vida; la bicicleta ha de tener reflectores; el calzado debe adherirse a los pedales, eso es esencial, y por eso las chanclas son inaceptables; hay que advertir a los niños que nunca se agarren a otro vehículo en marcha, no compartan el sillín ni lleven a alguien en el manillar; y, por supuesto, que no usen auriculares mientras conducen.

CREER QUE PORQUE ES VERANO NO VAN A ENFERMAR. En invierno los padres prevén las muchas contingencias de los niños, desde accidentes hasta enfermedades o infecciones. En verano, en cambio, parece que nunca se enferma, cuando no es así. Por eso, si la familia sale de viaje, aunque sea para pasar las fiestas de la aldea, hay que llevar la cartilla sanitaria con todo el historial del menor, además, obviamente, de la tarjeta. También es importante no olvidarse de las vacunas que les corresponden -¡los médicos hacen turnos, por lo que el centro de salud no cierra!- e incluso si son mayorcitos es bueno aprovechar las vacaciones para que el pediatra les haga la revisión anual, los mida y los pese. En cuanto a los problemas médicos de verano, además de la deshidratación y los golpes de calor, que son más llamativos, son frecuentes las diarreas y las alergias, igual que los catarros provocados por el aire acondicionado.

OLVIDAR LOS HORARIOS. El verano es una época de relajamiento en la rutina, pero eso no quiere decir que la familia se pase un mes sin comer caliente. Parece que una vez que los niños superan la primera infancia ya pueden adaptarse al desorden. Y no es así. Aunque los primeros días sean un poco más caóticos, los expertos coinciden en señalar que hay que marcar unas pautas mínimas: levantarse a una hora razonable -hay quien eso lo considera las nueve de la mañana, para otros son las once, pero la una de la tarde es excesivo siempre-; comer en la mesa -aunque sea hamburguesa, pizza o ensalada de pasta-; y acostarse dentro de un orden -no tiene que ser a las ocho, pero tampoco deben estar siempre hasta la madrugada.. Es entonces cuando no pasa nada por que un día coman a las cuatro o se levanten a la una si la víspera hubo una verbena.

MENOSPRECIAR EL ABURRIMIENTO. Aburrirse. Papar moscas. Ver pasar el tiempo. El dolce far niente forma parte de nuestra vida y pretender que los niños no se aburran nunca es abocarlos a la hiperactividad e impedirles tiempo para reflexionar. Si un niño dice eso de «¡mamá, me aburro!» no hay que ir corriendo a entretenerlo o dejarle la tableta o móvil para que esté callado. Aburrirse es bueno, buenísimo. Lo que los pedagogos llaman «tiempo no estructurado» es la mecha de la creatividad, da pie a imaginar, inventar y crear cosas nuevas y propias.

Hay un juego sencillo que se les puede proponer, crear el tarro del aburrimiento: en un bote se meten papelitos doblados con cosas que hacer en caso de tedio absoluto, desde escribir una carta a los abuelos a decorar una camiseta vieja con botones. Así, cuando el niño diga que se aburre se le puede proponer que hurgue en el tarro o simplemente contestarle con esa frase desesperante de madre: «Pues no seas burro y diviértete».

DEJARLES QUE SE BAÑEN AL ACABAR DE COMER. Mercedes del Río cree que debe esperarse dos horas desde la comida para poder bañarse, para evitar un shock. Pero ese no es el único peligro del agua asociado a la infancia.

En Europa, destaca la pediatra de Teo, mueren cada año 5.000 menores por ahogamiento. «Se producen de una forma rápida y silenciosa», alerta, ya que «la mayoría de las veces se había perdido de vista a la víctima durante menos de 5 minutos». Por eso no se puede dejar solos a los niños ni un minuto, ni delegar esa vigilancia en los hermanos mayores; las piscinas privadas deben estar cercadas.

Para los jóvenes, el peligro viene del uso de colchonetas y de las zambullidas. Aunque no vayamos con ellos a la playa, hay que alertarlos para que tengan la máxima precaución.

RELAJARSE EN EXCESO CON LOS ADOLESCENTES. Según la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), un millón de jóvenes dedica cada verano 144 horas al consumo de alcohol, el tiempo que se tarda en aprender a hacer surf. Y un porcentaje muy alto de personas mantuvo su primera relación sexual en vacaciones (de verano o Navidad). El verano no puede ser una excusa para que los padres se olviden de las normas y de la vigilancia.

Fuente: La Voz de Galicia

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