La ignorancia científica penaliza y comete injusticias

manos niños

La prensa permite compartir historias de padres a quienes les quitan niños en tránsito, proceso de adopción o “ahijamiento”, generalmente por decisiones de autoridades que ignoran los efectos de cambios de contextos en las primeras etapas de vida. Una salida sería que reconozcan sus propios desconocimientos y convoquen a profesionales de otras disciplinas, evitando dolor y traumas físicos y psíquicos, a los niños, más que a los adultos implicados en dichas causas. También es grave que legisladores de temas como fertilización asistida, úteros subrogados (alquilados), adopciones postparto o de niños mayores, etc. etc., no sepan o no actualicen estos temas y apelen a criterios propios.

Supongamos que una mujer, fertiliza sus óvulos “comprando” espermatozoides en un banco de semen, diferente al acuerdo “coparental” en que los donantes de óvulos o espermatozoides, no son anónimos. A nadie se le ocurriría pensar que el gameto tomado de ese depósito, sea el “padre” (cada donante puede generar millones de embarazos) y sería difícil hacerlo cargo del resultado, no solo económica, sino sobre todo afectivamente.

Por suerte los avances en genética y epigenética (importantes y rotundos cambios que producidos por el medio ambiente) y las interacciones entre ambas, también explican y avalan el derecho al acceso de la identidad biológica. Por supuesto, no solo el ADN define “la identidad”. La placenta adoptiva (al margen de cómo fue fecundado y gestado) es tanto o más valiosa para el desarrollo humano, que la intrauterina.

Intentaré profundizar explicaciones que aumenten el entendimiento de como los padres no genéticos, también son padres biológicos y hasta transmiten información a nietos y bisnietos, por lo que ya se habla de “herencia epigenética”, no solo genética.

La epigenética integra los cambios adaptativos, imitativos (con neuronas espejo que lo inducen), identificativos (por apego y ligazón con los que funcionan como padres) y otras influencias ambientales, que activan, silencian, “metilan”, vuelve “saltarines”, “transponibles”, a los genes.

A partir de las investigaciones realizadas por la genetista Bárbara Mc Clintock (1902-1992), que ya en 1920 descubrió los cambios genéticos por alteración del medio ambiente (climáticos y de lugares) en el proceso de adaptación y reproducción de las plantas de maíz. Las plantas con “estrés”, tenían más alteraciones en sus formas y colores de sus “fenotipos” (aspecto físico, según circunstancias y variables de crianzas). Estos factores “controladores” o “transposones” como se los denomina hoy, también influyen en la inmunología y en la génesis de cánceres. Lamentablemente estos hallazgos no se difundieron durante tres décadas, por egoísmos, competencias e influencias de expertos y académicos…Recién en la década del 70 aparecieron nuevas investigaciones que revalorizaron a Bárbara Mc Clintock , quien en 1983, recibió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Sus estudios sirvieron para investigar el tema a nivel animal y humano.

Rosario [Argentina] fue pionera en la década del 80, por el accionar de los Juzgados de Menores. En ese escenario, compartíamos explicaciones biológicas (incluida la información sobre cerebro y neurotransmisores), psicológicas, antropológicas y sociales, antes de decidir el destino de un niño y definir “a quién entregarlo”, disminuyendo al máximo los riesgos por cambios de nidos y vínculos humanizantes.

Se debiera respetar más la Convención de los Derechos del niño/a, que subraya la obligación de enfocar el interés superior en quienes tienen derecho a crecer y ser humanos enteros.

En esa época se tomó conciencia de la necesidad que en los Tribunales de Justicia se convoquen pediatras y hebiatras (especialistas en adolescencia) para ayudar en las causas. Todavía no existen, ni siquiera las balanzas y medidores de altura, que reclamaba el Juez Juan L. Artigas, para objetivar (medir y pesar) el amor constructivo de los paternajes. Este instrumento fue bien valorado en el Primer Congreso de Adopción de la década del 80 (Bs.As).

Mientras existen tantos niños maltratados, abandonados o institucionalizados, es una injusticia que no se generen leyes que concuerden con los tiempos de crecimiento y desarrollo, de la condición humana. Ninguna institución compuesta por dirigentes nombrados por circunstancias o autoridades de turno, puede convertirse en “Tribunal superior” y menos los que amordazan a quienes reclaman mantener paternajes, que ellos mismos otorgaron. Es obvio que quienes se sienten padres, se resistan a cortar cordones umbilicales, irrigados por el amor cotidiano.

Mirta Guelman de Javkin

Fuente: http://www.rosario3.com

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