Acoger es un acto de solidaridad y conlleva un compromiso muy elevado

Aldaima 1

Karima El Harchi es la presidenta de Aldaima, la asociación granadina que colabora con la Junta en la búsqueda de familias de acogida. Trabajan con niños y adolescentes de hasta 17 años. Dice que se trata de una «labor de solidaridad» y admite que la clave está en el «trabajo en equipo».

-¿Cuándo empezó la labor de Aldaima?

-La Junta de Andalucía nos habilitó para gestionar los programas de acogida familiar en la provincia de Granada a finales de 1998. Ya llevamos unos cuantos años.


-¿Cómo participa la Junta de Andalucía en el proceso de acogida?

-Los programas de acogimiento familiar pretenden ofrecer un recurso de protección a niños que están bajo tutela administrativa. La Junta es la administración que se encarga de su protección. Son los propios técnicos del Servicio de Protección de Menores los que nos piden a Aldaima que les busquemos familias según las características y necesidades de cada niño. Cuando nos hacen la petición, de la bolsa de familias que tenemos y creemos idóneas, proponemos una y son ellos en última instancia los que deciden si el acogimiento es viable.

-¿Son acogimientos de manera temporal o permanente?

-Hay dos grandes modalidades. El acogimiento familiar simple es de carácter temporal; se plantea ofrecer a un niño la posibilidad de vivir en una familia durante un tiempo mientras se estudia su situación o mientras se hace lo posible por reintegrarlo junto a su familia biológica, que puede estar viviendo un momento de dificultad. También hay otro tipo que se llama acogimiento en familia de urgencia, que son familias que están disponibles las 24 horas para, en el momento que se les llame, hacerse cargo del menor. Los acogimientos temporales pueden ir desde los seis meses hasta los dos años. La otra modalidad es el acogimiento permanente. En este caso, se trata de niños, normalmente más mayores, que no tienen posibilidades viables para que se reintegren con sus familias biológicas pero que sí tienen vínculos con ellos. Se permite que el niño tenga una familia con la que vivir sin perder la relación con una familia de origen que, quizás, no puede hacerse cargo de él.

-También pueden ser acogidos por personas con las que tengan relación de sangre…

-Efectivamente, dentro de estas modalidades, a su vez, los niños pueden estar acogidos por familia extensa, que es cuando les une alguna relación de parentesco, como abuelos, tíos o hermanos; o por familia ajena, cuando no hay ninguna relación. Lo más usual es que en los casos de familia extensa el acogimiento sea permanente.

-¿Por qué entran niños que necesitan de una familia?

-A través de diferentes agentes de Salud o de Educación se detecta que hay una situación familiar de dificultad y que los progenitores no cumplen con los deberes de cuidado y protección de los menores, porque no pueden, no quieren o no saben. Cuando la situación es de gravedad, la Administración tiene que actuar, aunque se intentan que esto no se produzca.

-¿Hay algún proceso de valoración de los demandantes antes de entregarles la tutela de un menor?

-Sí. Hay un primer contacto con las familias interesadas en el que se aporta información general. Luego, dejamos un tiempo para que reflexionen porque esto es un proyecto de solidaridad y todo el mundo tiene que saber en lo que se mete y estar preparado. Si finalmente se deciden definitivamente, presentan una solicitud. A partir de ahí pasan por lo que llamamos ciclos de preparación: hacemos grupos de familias interesadas y los técnicos de nuestra entidad les explican en varias sesiones todo lo que tienen que saber. Después, psicólogos y trabajadores sociales visitan los domicilios de las familias, entrevistan a sus integrantes… Es un proceso intensivo, dicen que es como si le hiciésemos un examen.

-¿Hay un seguimiento posterior?

-Claro, nuestro trabajo es continuo desde que una familia viene preguntando qué es el acogimiento familiar. Nos encargamos de todas las fases del proceso. Una vez que se formaliza la acogida, hay un proceso de apoyo, acompañamiento y seguimiento para que todo vaya bien y para acabar con las posibles dificultades que surjan.

-Con la crisis económica, ¿tienen más dificultades para encontrar familias de acogida?

-No te puedo negar que la crisis influye pero, afortunadamente, no hay una relación tan directa. A nosotros nos hacen falta familias siempre, incluso ya desde antes de la crisis. Acoger es algo que conlleva un compromiso elevado. Hay acogimientos en los que se da una prestación económica para sufragar los gastos derivados de la atención de los menores, como en los acogimientos de urgencia. También hay prestación en los acogimientos familiares profesionalizados, en los que se intenta que sean acogidos por profesionales con experiencia o formación en la Educación o la Sanidad. Ellos acogerían a niños que tienen necesidades especiales, como una discapacidad u otros que ya han vivido situaciones muy difíciles como malos tratos.

-Sentirá una gran responsabilidad por su trabajo…

-(Ríe) Lo bueno de esto es que es un trabajo en equipo. Somos un grupo de profesionales como psicólogos, trabajadores sociales, educadores en familia, abogados… Hay mucha responsabilidad porque trabajamos en una materia muy sensible en la que no se nos permite equivocarnos.

-¿Cree necesario hacer un llamamiento a la sociedad para que se incremente el número de este tipo de familias?

-Pedimos que las familias se acerquen y se informen. Nuestro teléfono de atención gratuita es el 900 10 14 38. La materia prima es la solidaridad de las familias. Ahora mismo tenemos niños en espera.

Fuente: http://www.granadahoy.com

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