La mejor decisión

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Como dije en mi anterior entrada, la historia que contaba era una mera anécdota comparada con el serio problema que tuve con la Administración de Educativa, el cual nunca se resolvió.

Se trata de una historia larga que no quiero dejar pasar ya que esta es la única forma de denuncia que voy a realizar, pero que para no aburrir la contaré casi telegráficamente y marcando el orden cronológico:

Marzo del 2005: Se abre el plazo en la Comunidad Autónoma de Andalucía para solicitar plazas escolares para el curso 2005 – 2006 en la Enseñanza Infantil. En esa fecha estábamos cerca de finalizar el proceso de adopción pero aun no nos había sido asignada nuestra hija por el Centro Chino de Adopciones, por lo que no conocía su edad y por tanto si podría ser escolarizada para dicho curso. Pero incluso aunque hubiéramos sospechado que nuestra hija era escolarizable no tenía sentido presentar una solicitud de plaza dejando sin rellenar todos los datos relativos a la niña ya que aun no disponíamos de documento alguno que acreditara que teníamos una hija (de hecho ni siquiera estábamos seguros de que nos asignaran una niña).

Mayo de 2005: Por fin nos asignan a nuestra hija y es entonces, dos meses después de terminado el plazo de solicitudes, cuando conocemos que tiene 3 años y que por lo tanto, una vez concluido los trámites de adopción, tendrá derecho a ser escolarizada para el curso 2005-2006. Pero además de estar fuera de plazo, aun no podemos presentar solicitud alguna puesto que la adopción no estaba formalizada.

Julio y agosto de 2005: Estamos en China recogiendo a nuestra hija. Al regreso a España compruebo que su adaptación es magnífica y que podría ser escolarizada en la Enseñanza Infantil para el curso 2005-2006.

Finales de agosto del 2005: Me dirijo a la Delegación en Málaga de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía y explico al Inspector de Educación de la zona las excepcionales circunstancias de mi hija. Le demuestro documentalmente que siguiendo los criterios de asignación de plazas escolares (distancia de la vivienda al centro escolar, familia numerosa, hermano escolarizado en el mismo centro) dispongo de puntos suficientes para que Eva obtenga plaza en el mismo colegio que su hermano Carlos. También le explico y demuestro el porqué no pude presentar la solicitud en las fechas establecidas.

La respuesta del Inspector de Educación es rotundamente negativa. Me argumenta que en el colegio que le hubiera correspondido ser escolarizada de haber presentado la solicitud en su momento no se puede admitir porque está completo, y me proponen una plaza que ha quedado libre en un colegio a 5 km. de casa y sin autobús escolar (a pesar de que en menos de 2 Km. de radio de mi casa hay al menos ocho colegios). Le pido que amplíe el número de plazas del colegio que le correspondería a mi hija en aplicación de la normativa de escolarización que contempla esta posibilidad para determinados casos y circunstancias. Pero su postura de negación es tajante.

No obstante presento la solicitud a la que anexo un informe firmado por una psicóloga especializada en temas de adopción en la que explica la conveniencia de que la niña esté en el mismo colegio que su hermano, en previsión de que la niña, dada la edad de adopción y el poco tiempo que llevaba en España, confundiera el colegio con el orfanato (caso que se ha dado en varias ocasiones). La solicitud es rechazada.

Enero de 2006. Me persono de nuevo en la Delegación para hablar con el Inspector de Educación acerca del motivo de la negativa sin más argumento que la falta de plaza y sin la menor referencia al informe psicológico presentado. Insisto en la conveniencia de que esté en el mismo colegio que su hermano. Le cuento el caso real de una niña adoptiva que comenzó a ir al colegio con normalidad, pero el día en que comenzó a funcionar el comedor escolar, algo se le representó en su cabecita que le infundió auténtico terror, quizá recuerdos negativos de su orfanato o la idea de que ha vuelto a ser abandonada. La madre fue avisada de inmediato, y la media hora que tardó en desplazarse desde el trabajo al colegio, sorteando los atascos, la niña los pasó en un auténtico estado de pánico irracional.

Le dije que por improbable que fuera, no quería que mi hija pudiera pasar por una situación semejante y que al estar junto a su hermano, llegado el caso, este podría ir junto a su hermana a calmarla en cuestión de pocos minutos mientras su madre o yo correríamos hacia el colegio. La respuesta del Inspector fue peor de lo que yo me podía imaginar:

—Usted no se preocupe por eso, —dijo el señor Inspector con sonrisa cínica y prepotente —porque si la niña sufre algún tipo de trauma, la Junta de Andalucía cuenta con magníficos psicólogos que la tratarán —. Me dieron ganas de hacerle tragar sus palabras, pero me pudo la sensatez y simplemente me marché indignado.

A finales del mismo mes de enero consigo una cita con el Jefe del Servicio de Inspección, le cuento todos los pormenores así como la insensibilidad del Inspector que lleva el caso. Este responsable también comprende la situación, pero dice que no se puede hacer nada. Dice que las circunstancias de mi hija no son constitutivas de excepcionalidad y su argumento es el mismo de siempre: no hay plazas en el colegio que por derecho le hubiera correspondido en el caso de que mi hija “hubiera existido” en las fechas de solicitud de plaza escolar.

Febrero de 2006. Consigo una cita con el Jefe del Servicio de Postadopción de la Consejería de Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía. Le explico todo lo sucedido y me responde que comprende la situación y que le parece lógica mi pretensión, pero añade que no puede hacer nada ya que se sale de sus atribuciones. Le sugiero que, si le parece lógica mi reivindicación, que simplemente emita un informe técnico manifestando la conveniencia de ser escolarizada en el mismo centro que su hermano. Pero se niega tajantemente diciendo que eso no forma parte de su trabajo, y para mi sorpresa e indignación añade:

—Usted no se preocupe, porque si la niña sufre algún tipo de trauma, la Junta de Andalucía cuenta con magníficos psicólogos que la tratarán —.

Me levanté y me marché sabiendo que allí no obtendría ninguna ayuda por mucho que comprendiera el problema. También este trabajador al servicio público prefirió evitar los problemas en lugar de actuar con profesionalidad.

A partir de este momento y durante muchos meses intento que reconozcan a mi hija su derecho legal de igualdad de acceso a una plaza escolar. Envié escritos a los Delegados en Málaga de ambas Consejerías y a los propios Consejeros. No me contestaban o bien me decían que remitían mi escrito al Servicio de Inspección de Escolarización, que era la Unidad Administrativa que rechazaba mi petición. Es decir, mi reclamación entraba en un círculo vicioso.

Se produce un cambio organizativo en la Delegación de Málaga de la Consejería de Educación y el asunto de escolarización pasa a depender del Servicio de Planificación y Escolarización. En marzo de 2007 me entrevisto con el Jefe del Servicio. Vuelta a contar la historia, los argumentos, las razones y las negativas. También este responsable comprende y ve lógica mi petición. Pero su respuesta es la de todos: no hay excepcionalidad y tampoco hay plazas en el colegio que le correspondía.

Por último envío un escrito al Defensor del Menor de la Junta de Andalucía, el cual admite a trámite mi petición, pero al final se limita a transcribirme el informe del Inspector de Educación donde la razón de la negativa es claro y simple: están las plazas cubiertas. Y sin ninguna observación ni comentario a las circunstancias especiales que esgrimí en el escrito.

Y mi indignación es muy grande porque, a pesar de sus ojos oblicuos, mi hija es española, andaluza y malagueña, y por tanto tiene los mismos derechos que cualquier otra niña, y creo que en ella deben cumplirse los principios Constitucionales de igualdad así como todo tipo de garantías que la legislación española en vigor otorga a los menores. Y a mi pobre entender, estos principios deben estar garantizados antes de proceder a aplicar cualquier reglamento de admisión de alumnos. Esta ha sido mi lucha durante los últimos tres años hasta que he decidido dejarlo por imposible, ya que aunque podía haber iniciado una demanda judicial, como dije al principio del post anterior, soy de la opinión de que la justicia que llega tarde no es justicia. Pero al menos me queda el derecho al pataleo, que me he permitido ejercer desde aquí.

La historia de la escolarización es más larga, pero la conclusión es que mi hija no ha sido tratada con criterios de igualdad en el acceso a una plaza escolar, ya que siempre ha tenido que contentarse con una de las plazas remanentes en lugar de optar en justa competencia como el resto de niños andaluces a la totalidad de plazas.

Considero que la Administración debe estar al servicio de los ciudadanos para ayudarles a resolver los problemas y no para complicarles la vida con procedimientos absurdos y negativas sin más sentido que la situación de poder del que las emite, incluso saltándose los derechos que la ley garantiza a mi hija. Sé que esta denuncia a través de este texto incoherente no servirá para nada, pero al menos me ha permitido desahogar el disgusto que las absurdas e injustas decisiones de unos funcionarios prepotentes me provocaban.

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