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  • prolongo ha actualizado una entrada en el grupo Logo del grupo Curiosidades de la AdopciónCuriosidades de la Adopción hace 14 años, 4 meses

    Entre los años 1854 y 1929 estuvieron funcionando los trens de huérfanos, que con origen en ciudades como New York, enviaron aproximadamente 250.000 niños, quienes eran adoptados con pocos o nulos trámites en las estaciones mismas en la que hacía parada el tren, a donde iban las familias que buscaban un hijo y escogían aquel que creían que más les convenía.
    La mayor parte de estos niños eran conocidos como street rats (ratas callejeras), que en el mejor de los casos se veían obligados a ganarse la vida como limpiabotas, repartidores de prensa o recaderos, o eran internados en orfanatos, viviendo en un ambiente de férrea disciplina y mal alimentados.
    Muchos de ellos eran huérfanos, pero otros provenían de familias que habían emigrado desde Europa en busca de la «tierra de las oportunidades», o que se trasladaron del campo a la ciudad en plena Revolución Industrial en busca de un puesto de trabajo que no terminaban de encontrar, siendo abandonados a su suerte al no poder ser cuidados por sus padres.
    El primer tren partió el 20 de septiembre de 1854 con 46 niños y niñas de diez a doce años rumbo a Dowagiac, una pequeña población del estado de Michigan. Llegados a destino, se les trasladaba al centro del pueblo o ciudad y se les albergaba normalmente en una iglesia a la que acudirían las familias adoptantes para elegir al niño o niña que fuera de su preferencia, basada en unas ocasiones en su fortaleza, en otras por su apariencia, y en otras por su inteligencia y carácter.
    Sólo se permitía albergar a un niño en cada hogar, por lo que los hermanos eran separados.
    Estudios realizado ssobre este acontecimiento afirman la existencia de un argumento evangelista que dio inicio a este éxodo, y era la premisa que los hijos del ingente flujo migratorio europeo, que en su mayor parte judíos y católicos extremadamente pobres, debían ser arrancados de su contexto cultural para entrar a formar parte de familias granjeras protestantes, es decir, al supuestamente verdadero espíritu de los Estados Unidos.
    Se trataba de un auténtico proceso de eugenesia cultural.
    En muchos casos los niños fueron muy queridos por sus nuevas familias, pero en otros fueron adoptados como simple mano de obra barata para trabajar tanto en el campo como en las casas.