Por qué es tan difícil adoptar en Argentina

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En momentos en los que se aprobó una ley que facilita los métodos de fertilización asistida, las familias que desean ser adoptantes enfrentan dificultades crecientes, a pesar de que hay muchos niños en instituciones

«Hay unos 14 mil jóvenes sin cuidados parentales y alojados en hogares, de los cuales la mitad se encuentra en condiciones de adoptabilidad, según informes de la ONU», afirma Juan Pedro Tunessi, diputado nacional por la UCR, en diálogo con Infobae.

Pero pocos de esos niños son verdaderamente huérfanos, sino que pertenecen a familias desgarradas, cuyos padres están ausentes o no pueden hacerse cargo de ellos. Por eso, no siempre es tan clara la línea que separa a los que son declarados en condiciones de adoptabilidad de los que no, aunque de todas maneras permanezcan institucionalizados.

«En países como el nuestro, que no han pasado por guerras ni catástrofes naturales, la cantidad de chicos huérfanos es baja, por eso no hay muchos niños para adopción. Pero el estado considera, según está escrito en la ley, que los niños que están mal alimentados, sin acceso a la escuela y con todo lo que uno puede ver en los casos de pobreza seria, se encuentran en una situación de abandono moral o material por parte de sus padres. El problema es que si hay abandono no es por una perversión de sus padres, sino porque están en una situación de pobreza», explica a Infobae Laura Musa, directora de la Fundación Sur Argentina, abocada a la promoción y la defensa de los derechos humanos de niños y adolescentes.

«Anteriormente, la respuesta del estado en esos casos era quitarles los chicos a las familias pobres, siempre en nombre del bien, e internarlos en instituciones. Eso producía que hubiera muchos chicos internados, cuando en realidad debían operar las políticas sociales para evitar que las familias tuvieran casi expulsados a los niños porque estaban mendigando en algún lugar mientras las madres trabajaban en casas de familia», agrega.

Esta lógica comenzó a modificarse a partir de la sanción de la Convención de los Derechos del Niño y de la Ley de Adopción sancionada en 1997.

«La adopción no es una figura para pasar niños de familias con necesidades básicas insatisfechas a familias que sí cuentan con recursos materiales, sino que es una institución pensada para la satisfacción de todo niño a vivir en familia cuando no lo puede hacer en la propia», cuenta la abogada Marisa Herrera, especialista en derecho de familia y profesora de la UBA, en diálogo con Infobae.

Pocas adopciones y plazos excesivos

«En la Ciudad de Buenos Aires, donde el estándar de vida es más alto, el proceso de adopción puede demandar cinco o seis años«, cuenta Musa.

«El número de adopciones es bajo porque los plazos son excesivamente largos. Si bien nosotros creemos que hay que agotar las instancias para recomponer el vínculo biológico, una vez que se determina la guarda con fines de adopción es porque está terminado el proceso de búsqueda de esa recomposición», explica Tunessi.

Lo que ocurre es que el grueso de la demora se produce en el momento en el que la justicia debe decidir si un niño que llega a una institución bajo la sospecha de encontrarse en estado de abandono efectivamente fue abandonado por su familia biológica.

«Hay chicos en instituciones que pasan su vida ahí adentro, lo cual es absolutamente injusto -dice Musa-. En ese caso lo que se ve es la mala praxis, la falta de rigurosidad técnica tanto de los juzgados de familia como de los organismos de protección que dependen de cada provincia y son los que tienen que evaluar en cada caso las posibilidades de que los chicos vuelvan con sus familias, la nuclear o la ampliada».

Pero las demoras por problemas técnicos o burocráticos serían sólo una parte del problema. Para muchos analistas, esto se suma a una cuestión que es previa: la decisión de devolver los niños a su familia biológica casi en cualquier circunstancia, lo que muchas veces termina naufragando porque hay familias que, por más que lo intenten, no pueden terminar haciéndose cargo.

«Que un niño vuelva con la familia de origen sería el ideal, pero el tema es que efectivamente haya una familia que pueda acogerlo, porque a veces no hay o no está en condiciones. En ese momento hay que resolver la situación para que los chicos no pasen su infancia en una institución. Pero hay una tendencia a preservar el vínculo con la familia de origen», dice a Infobae Leonor Wainer, presidente de la Asociación Civil Anidar, especializada en adopción.

«¿Quién no estaría de acuerdo con que un chico debe vivir con su madre biológica?», se pregunta el abogado Rubén Martínez, padre adoptivo y asesor en temas de adopción. «Es políticamente correcto pensar de esa manera. Pero eso llega a un punto en el que lo que aparentemente es mejor para la biología, es peor para la sociabilidad de ese niño. Hay un poco de hipocresía en esa insistencia en que es lo mejor para el chico volver con su familia biológica sin importar cuánto tiempo se pierda, porque en muchos casos termina causando un perjuicio, porque ese chico termina en un instituto», afirma en diálogo con Infobae.

«Otro obstáculo son las entregas directas. El sistema argentino es de registro: si uno quiere adoptar tiene que inscribirse en un registro de adopción, donde uno se postula como adoptante. Cuando los jueces reciben a los chicos en estado de abandono y los declaran aptos para adopción, tienen que llamar a los cinco primeros que están en la lista, analizar los legajos y ver a quién se lo entrega en guarda. Pero en las provincias del norte hay un sistema de entrega directa, por el cual los padres adoptantes se relacionan con la persona embarazada, se presentan con ella en el juzgado y el juez homologa esa entrega. Es algo muy rápido, entonces, aunque pueda ser muy riesgoso, muchos toman ese camino. Pero esos chicos se sustraen del circuito del registro«, agrega.

El tráfico de bebés

«Las dificultades para adoptar no se producen, como cree el común de las personas, por la burocracia de la ley. La verdad es que cada vez llegan menos bebés a los juzgados para ser dados en adopción por la desaparición sistemática de un promedio de 12 bebés por semana. La ley sólo rige el 25 por ciento de las adopciones, que son las legales. El 75 por ciento restante son el resultado de transacciones comerciales de mafias que practican la compra y venta de recién nacidos», explica a Infobae Julio César Ruiz, presidente de la Fundación Adoptar.

«Hay determinados territorios del país que nosotros designamos fábricas de bebés, porque en ellos todo es funcional a su compra y venta, desde las parteras hasta los jueces de familia y los inspectores del registro civil. Incluso hay muchos hoteles en el sureste de Santiago del Estero que tienen salas de parto en los sótanos, para entregar los bebés a quienes llegan a hospedarse«, agrega.

Según Ruiz, este mercado ilegal y violatorio de los derechos humanos no sería posible sin la complicidad de las más altas esferas políticas. Por eso, combatirlo no pasaría por modificar la ley, sino porque haya una auténtica voluntad política que vaya en ese sentido.

«El tráfico de bebés está relacionado con mafias que se hacen en concomitancia con funcionarios públicos, y sería imposible que ocurriera sin que el gobierno esté al tanto. Gerardo Zamora, gobernador de Santiago del Estero, dijo hace un tiempo que de cada diez niños que nacen en la provincia, sólo se registran dos o tres«, sostiene.

Hacia una nueva Ley de Adopción

«La norma actual es muy mala, porque es contradictoria con la Convenciónsobre los Derechos del Niño -dice Musa-. Por ejemplo, establece que hay dos tipos de adopción, la plena y la simple. La primera extingue todos los vínculos con la familia de sangre, como si no hubieran existido, lo que es contrario al derecho a la identidad. Además, si un juzgado considera que un niño está en estado de preadoptabilidad, de ese juicio sólo son parte el estado y los adoptantes, pero quedan afuera la familia biológica y el propio niño. Esto viola las garantías del debido proceso«.

Por otro lado, si bien es un problema que puede estar más asociado a cómo funcionan las instituciones que a los marcos legales, algunos cambios en le ley vigente podrían disminuir los plazos que demandan las adopciones.

«Todos los organismos internacionales están pidiendo a Argentina que simplifique su sistema de entrega y custodia de chicos para que vuelvan a un entorno familiar. Por eso nuestra propuesta es simplificar el trámite de adopción, acortar los plazos y establecer un registro único de menores en estado de adoptabilidad, porque hay que buscar un mecanismo que determine cuántos chicos hay alojados en instituciones, ya que subsisten criterios diferentes en las distintas provincias», dice Tunessi.

Estas y otras modificaciones se vienen discutiendo desde hace muchos años y se plasmaron recientemente en distintos proyectos de ley. Si bien ninguno llegó a ser tratado por el Congreso, muchas de las ideas que contenían fueron incluidas en el proyecto de reforma y unificación del Código Civil y Comercial que impulsa el Poder Ejecutivo.

«En el proyecto de Código Civil se incluyeron algunas cuestiones más legítimas, pero no todas. El niño es parte, pero sólo a partir de los diez años. Lo mismo pasa con la familia biológica, que sigue sin ser parte en todo el proceso. Además se mantiene la división entre adopción plena y simple», afirma Musa.

Por su parte, Herrera destaca que el nuevo Código Civil contemplaría «la posibilidad de que parejas no casadas pero consolidadas y capacitadas para adoptar puedan hacerlo aunque no hayan pasado por el registro civil».

«Además, se amplía y profundiza el derecho del adoptado a conocer sus orígenes, como así también, se flexibilizan los tipos de adopción, ya que si bien se mantiene el doble régimen de adopción plena y la simple, se habilita a que en determinados supuestos se pueda otorgar la adopción plena pero dejando subsistente determinado vínculo con la familia de origen», agrega Herrera.

Por último, tampoco quedan afuera del proyecto las iniciativas para lograr que las adopciones sean más rápidas y eficientes.

«La reforma apunta a acortar los plazos en los que los jueces tienen que arribar a una solución para la situación de los chicos. Actualmente, la norma establece que se puede decretar la adoptabilidad si los niños no reciben visitas ni mantienen vínculo con sus familias de origen durante al menos un año. Por eso, la mayoría de los proyectos de reforma tiende a que sea un plazo de seis meses, renovable una sola vez», concluye Wainer.

Fuente: .infobae.com

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